
A veces, cuando algo o alguien te hace daño lo rehuyes. Sin intenciones o con ellas, le vas apartando poco a poco de tu vida y, cuando te das cuenta, ya ni siquiera recuerdas el por qué o no te has basado simplemente a eliminar la causa del dolor, sino a todo aquello que ha tenido, tiene o podría tener algo que ver con ello. Es entonces cuando te das cuenta de que vives con miedo en el cuerpo. Miedo a plantarle cara. Cuesta admitirlo, pero hay días que no tienes fuerzas para luchar contra ello y es entonces cuando me lo puedo decir a mi misma, es entonces cuando tengo conciencia de ello y lo reconozco. Yo lo estoy rehuyendo. Yo tengo miedo. Miedo al amor.



